La imagen digital y la disolución de la virginidad

Los objetos digitales son habitantes de este mundo. Habitantes con materialidades y temporalidades propias. ¿Cómo pensar la especificidad de esa existencia de las entidades digitales? Un video de youtube es un habitante del mundo real, pero ¿posee una sensibilidad, o un imaginario? ¿Qué tipo de sexualidad, si alguna, le corresponde? ¿Qué experiencias sexuales son posibles para un video de youtube? ¿Qué deseos, qué dolores, qué placeres?

¿Un video de youtube puede perder la virginidad? Desvirguer Analytics es un proyecto de Mundo oculto que afirma quitar la virginidad a videos de youtube, dándoles su primera reproducción (view, vista en inglés). Un algoritmo encuentra y reproduce automáticamente, en una página con parodias humorísticas de spam publicitario, videos de youtube que tengan un contador de vistas en cero. Este proyecto sugiere de forma burlona la posibilidad de que un video de youtube pueda ser desvirgado.

¿Qué es la virginidad? Tal vez el uso más extendido de esta palabra sea el que refiere a una persona con vagina que no ha experimentado penetración vaginal de un pene. Es cierto que, si buscamos definiciones más específicas de virginidad, podemos encontrar otros sentidos: en lugar de penetración vaginal con pene, puede hablarse en un sentido más amplio de relaciones sexuales, en lugar de aplicarse a personas con vagina, puede hablarse de personas en general, se puede incluso hablar de la virginidad del aceite, o de la jungla. Sin embargo, cuando hablamos de virginidad el término parece referirse, por antonomasia, a un supuesto estado de las personas con vagina, que es anterior a la primera penetración vaginal peneana.

El concepto de virginidad históricamente ha actuado como dispositivo biopolítico de control de la sexualidad y de la reproducción de los cuerpos con vagina. Pensemos en la figura más representativa de la virginidad: las vírgenes, mujeres que debido a su carencia de prácticas sexuales penetrativas eran consideradas virtuosas, valiosas, limpias. Una vez suspendida esa virginidad, la única manera de reivindicarse de la contaminación, de la devaluación que implica la primera penetración, es servir de máquina reproductora de la humanidad. Y esta redención es siempre parcial, incompleta. Los cuerpos con pene “quitan” la virginidad, los cuerpos con vagina la “pierden”. No hay igualdad en la valoración de la interacción sexual de los cuerpos.

En este sentido, perder la virginidad aparece como una forma de pasividad. Si desvirgar es una acción que aparece asociada a la actividad masculina, ser desvirgad_ es un efecto asociado con la pasividad femenina. La virginidad es en realidad la metáfora misógina de un estado correspondiente a los cuerpos sexualidados como femeninos, el cambio que pretende efectuar solo cobra sentido desde un esquema de valores que sostiene la superioridad de la masculinidad y de los cuerpos con pene, frente a la pasividad de la feminidad, de los cuerpos con vagina.

La virginidad es un concepto moral, no biológico. Su ubicación como estado biológico es puramente metafórica. La descripción de los cuerpos que no han sido penetrados por un pene como “vírgenes” transforma la moralidad del concepto en una supuesta materialidad biológica. Asume una sacralización restrictiva del cuerpo femenino: lo concibe como algo valioso sólo en la medida en que no realiza ciertos actos sexuales; y una hegemonía política de lo penetrativo, donde la misma acción que devalúa el cuerpo femenino, otorga valor y prestigio a otro tipo de cuerpo, el masculino.

¿Cómo se desvirga un video de youtube? Para el proyecto de Desvirguer Analytics ni el concepto mismo de virginidad, ni la acción de “quitarla”, están puestos en cuestión. Su sentido no es irónico, o figurado: el hecho mismo de que exista algo así como el “desvirgar” es aceptado por este proyecto como una realidad material, no como una metáfora moralizante. Lo único que se pone en cuestión es cómo aplicar ese concepto a un video de youtube. La función de autoreproducción que se activa automáticamente en la página cambia el estatus del video: de virgen a desvirgado. Una view, una reproducción, es el mecanismo por el cual se efectúa la superioridad del algoritmo buscador frente a la imagen. La automatización de la reproducción añade un matiz de imposición, de falta de consenso, al acto.

Desvirguer Analytics despliega una moral conservadora que vincula los actos sexuales con la corrupción de la esencia de los seres, pero en lugar de situarla sobre los cuerpos sexuados femeninos, la efectúa sobre los seres digitales, como sacralización de la imagen tecnológica. Nos encontramos frente a un conservadurismo tecnológico disfrazado de burla ingeniosa. Igual que sucede con la metáfora biológica de la virginidad, las imágenes digitales se conciben como “vírgenes” en función de un supuesto estado previo a la reproducción en pantalla. A cambio de su previo anonimato, los videos por fin cumplen con la norma de ser accesibles en todo momento a la visión.

Estas imágenes no vienen a nuestro encuentro, sino que son jaladas desde la masa anónima de los centros de datos de youtube, a nuestras pantallas. Como un acto de acoso callejero, que singulariza un cuerpo femenino de entre el conjunto de cuerpos que ocupan el espacio público, para violentarlo, los videos de youtube son sometidos por el algoritmo de Desvirguer Analytics a un proceso de feminización coercitivo, cuyo resultado, en extremo familiar para ese sujeto político que son las mujeres, es la pérdida efectiva de poder político, de capacidad de habitar el espacio público en términos propios.

El proyecto propone una resignificación de la virginidad mediante una teatralización digital. Se asume que un video de YouTube aumenta su valía al ser visto: mientras más views, mejor. Desvirguer Analytics le da realidad al concepto de la virginidad, asume que es un estado que debe ser perdido, pero además, asume que hay una valía cuantitativa de los videos en YouTube. La ejecución del click desvirgador pretende atentar contra la sacralización virginal por dos vías: 1) la aparición del acto en un ámbito que pretendidamente no le es propio y 2) al asumir que el mayor número de vistas el mayor número de encuentros eróticos, siguiendo su metáfora aumenta la cualidad de los objetos digitales a los que se les atribuye el estado virginal. Mediante este mecanismo se busca convertir a los videos en exhibicionistas que buscan ser consumidos por el voyeurismo digital.

Desvirguer Analytics, sin embargo, falla en su intento de desacralización porque, por un lado, ignora al video como un posible agente que tiene efectos sobre el espectador, reproduciendo el discurso biopolítico sobre la virginidad pasiva arriba referido; y por otro lado afirma la sacralidad de la virginidad, a la que en principio parece confrontarse, de forma negativa, al efectuar esa valorización según la cual un objeto digital con mayor número de vistas al menos una es más deseable que aquel con menos vistas. El concepto de virginidad queda, sin embargo, intacto porque su negación se realiza a partir de una concepción estrictamente binaria, que concibe solo dos términos: destrucción vía banalización o sacralización absoluta. La crítica a la virginidad no es tan simple como el proyecto supone.

Al trivializar la posibilidad de una sexualidad propia y autónoma de las imágenes digitales, Desvirguer Analytics trivializa también su capacidad de agencia, de que podamos tener interacciones sexuales consensuadas con ellas. Nos otorga, como espectadores, una preeminencia injustificada. No hay igualdad aquí entre seres digitales y orgánicos, la superioridad de las views es propia de un régimen de visión que los programadores/artistas digitales imponen sobre las imágenes; entre estos videos de YouTube que se conciben como imágenes digitales feminizadas y este algoritmo masculinizado que los desvirga. El conservadurismo simbólico de la moral sexual se traslapa así en conservadurismo del funcionamiento tecnológico.

El algoritmo que opera en este proyecto asume que estos videos quieren ser vistos, que deben ser “salvados” del desconocimiento y del anonimato, que son seres incompletos que sólo cobran sentido gracias al valor añadido que una vista les dispensa. Los videos, sin embargo, aun esos desdeñados por no tener ni una visita, existen en el banco de datos que escapa a nuestra visión y, en este sentido, son computados y procesados, se relacionan con algoritmos, se almacenan en bases de datos, tienen efectos sobre cuerpos humanos y no humanos. No requieren de nuestras views para tener consecuencias en el mundo.

¿Qué desea un video de youtube? ¿Qué puede una imagen? Igual que los cuerpos femeninos no están ahí para ser desvirgados, que no experimentan carencia, ni contaminación, por los actos sexuales que deciden realizar, las imágenes tienen funciones que exceden el simple ser vistas. Las imágenes digitales reclaman agenciamientos, espacios, derechos, deseos. Sus funciones no están determinadas por el espectador, sea un humano, sea un algoritmo de reproducción automatizada. Tienen una vida propia. Habría que desmontar la broma: afirmar que en efecto las imágenes digitales son seres sexuales, con todas las posibilidades y problemas que eso puede presentar. Tomarse el chiste en serio: eso sería lo verdaderamente radical.

¿Qué tipo de actos sexuales reclama un video de youtube? Tal vez la plétora de opciones no determinadas que reclamamos para nosotr_s. Tal vez en lugar de asumir burdamente que sabemos qué son, cómo funcionan, qué quieren y qué les gusta, que podemos manipularlas y modificarlas como mejor nos parezca, es momento de empezar a preguntarnos qué tipo de interacciones podemos tener con esas imágenes digitales, de desarrollar una erótica más sofisticada de nuestros encuentros con ellas.

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