Notas sobre la tecnicidad del orgasmo

¿Cuál es la técnica de un orgasmo? Siguiendo la tradición aristotélica, podríamos decir que orgasmo se dice de muchos modos. Del orgasmo se habla en términos teleológicos -el resultado del proceso de masturbación, o de cualquier otro proceso sexual-, del orgasmo se habla también en términos de eventualidad -acontecimiento que acaece en medio de una serie de dinámicas corporales-, también se habla de él como mítico -un mecanismo misterio al que sólo algunxs iniciadxs tienen acceso-. Estas descripciones, por otro lado, no son necesariamente excluyentes, se puede articular un discurso del orgasmo como teleológico, eventual y mítico. La pregunta que queremos plantear en este texto es ¿qué significa hablar del orgasmo en términos de técnica? ¿Se puede hablar de técnicas del orgasmo, de orgasmos técnicos? ¿En qué residiría esa tecnicidad?

Comenzaremos distinguiendo entre los discursos que se elaboran alrededor del orgasmo en términos de orgasmos de vulvas y orgasmos de penes. También tendríamos que distinguir entre los discursos sobre los orgasmos llamados femeninos y los llamados masculinos. Esto no significa más que afirmar que no se dicen las mismas cosas sobre los orgasmos de penes y sobre los de vulvas y vaginas, así como tampoco se dicen las mismas cosas sobre los orgasmos masculinos y femeninos. Es importante distinguir estas dos dimensiones de discursividad sobre los orgasmos porque, mientras que la primera está relacionada propiamente con los órganos que aparecen en algunos cuerpos, la segunda está relacionada con el género asignado a ciertos individuos.

Esto quiere decir que no es lo mismo hablar de un juguete sexual que sirve para masturbar una vulva, que describir el orgasmo femenino como un misterio. La primera sería una descripción del tipo anatomía/discurso orgásmico, la segunda del tipo género/discurso orgásmico. Ambas dimensiones discursivas encuentran afirmaciones, evaluaciones, predicaciones y descripciones en el terreno lingüístico; de las dos leemos en revistas, escuchamos comentarios casuales, o nos hablan de ellas ginecólogas y otrxs especialistas, etc. Esta distinción, por otro lado, no evita que en las descripciones de los orgasmos estas dos cosas se mezclen, e incluso lleguen a confundirse, o a parecer equivalentes, de manera que al hablar sobre orgasmos femeninos, se afirme que estos tienen una relación casi natural con el funcionamiento anatómico de las vulvas.

 Cada una de estas descripciones posibles del orgasmo -teleológica, eventual, mítica y técnica- se relaciona de manera distinta con los discursos anatómicos, de género y con las relaciones que hay entre ellos. Hablar del orgasmo en términos teleológicos, por ejemplo, significa algo distinto para los orgasmos femeninos y masculinos. En ambos casos se asume que el orgasmo es la finalidad del proceso sexual -sea este individual o colectivo-.  El discurso del orgasmo teleológico hace del orgasmo la cualidad sin la cual un proceso sexual no puede ser comprendido como tal; esto significa que el proceso sexual sólo tiene sentido si su finalidad es conseguir un orgasmo, aún si de hecho no lo hay (caso en que el proceso sexual es caracterizado negativamente, como fracaso, error, o falla). Sin embargo, esta descripción se relaciona de manera distinta con respecto al orgasmo femenino y masculino. Consideremos aquí el grado de aceptación de la falta de orgasmos femeninos en los procesos sexuales, noción por completo opuesta cuando se trata del orgasmo masculino.

Pensemos ahora el caso del orgasmo mítico. Esta es una categoría que parece sólo aplicar a los orgasmos femeninos con referencia a la anatomía de la vulva. Según esta descripción, los orgasmos femeninos de vulva son un proceso muy complejo, razón por la cual hay una gran cantidad de personas con vulva que no pueden tener un orgasmo. Este discurso abre camino a la pregunta por la técnica. Nos preguntamos ¿qué es lo que hay detrás de la afirmación del orgasmo mítico? ¿En qué consiste su misterio? Mientras que los penes parecen tener una familiaridad con ritmos, intensidades, posiciones, succiones, etc., las vulvas están envueltas en un proceso misterioso. Mientras que los penes parecen tener claros cuáles son los mecanismos orgásmicos, las vulvas andan ciegas por las veredas del placer. ¿Se puede resolver el misterio de las vulvas con la tecnicidad?

Recientemente la tecnología ofrece juguetes sexuales para vulvas que prometen ayudar a lxs usuarixs a alcanzar el mejor orgasmo, personalizar sus características, ajustarse a las necesidades de los cuerpos particulares y recibir feedback. La promesa del orgasmo infalible, e incluso perfecto, aparece como un discurso opuesto al del orgasmo mítico. En lugar de un terreno oscuro para los orgasmos de vulvas, este tipo de tecnologías apuestan por un mecanismo que puede ser repetido, no solamente según el deseo de lxs usuarixs, sino que puede ser mejorado hasta ser llevado a la perfección. ¿En qué consiste este mecanismo? ¿Cuál es el discurso que elabora la idea de que hay orgasmos perfectos? ¿Orgasmos mejores, o peores?  Promover un juguete sexual como artículo para la producción de orgasmos infalibles y perfectos parece construir una idealización del orgasmo. El juguete ayudaría, en este sentido, a producir el orgasmo más cercano a esa idea que habita en el topus uranus del placer. Este discurso, que parte de la capacidad de los aparatos de medir y reproducir ciertas condiciones, se acerca al del orgasmo teleológico. Sin embargo, nos parece que hay que mirar con más cuidado.

Decir que se pueden producir orgasmos infalibles y perfectos afirma, en efecto, un modelo ideal de orgasmo, y un modo certero de alcanzarlo, pero también señala la posibilidad del orgasmo como algo (re)producible. ¿Qué es esta productividad orgásmica? Un juguete sexual que produce orgasmos necesita una cierta tecnicidad mediante la que se relaciona con los cuerpos. La producción del juguete consiste en la repetición de una serie de mecanismos -ritmos, intensidades, fricciones, etc.- mediante los cuales se desarrolla una técnica masturbatoria. Se producen patrones, caminos, relaciones, cuya repetición asegura que el orgasmo tendrá lugar.

La tecnicidad es una cualidad propia de los cuerpos. Los cuerpos son técnicos en la medida en que desarrollan sus propias mecánicas de repetición. Esto no significa que el uso de un juguete sexual sea superfluo ante la -ya siempre técnica- experiencia orgásmica. El aparato no imita, ni perfecciona la mecánica de los cuerpos. ¿Cuál sería entonces la aportación de un juguete sexual? No vemos el uso de un juguete sexual como una mejora cualitativa o cuantitativa respecto a los orgasmos manuales.

Su función consiste en mostrar el sentido que se produce por el exceso de la repetición de las mecánicas sexuales, por el entrecruzamiento azaroso de iteraciones. El juguete sexual no define el orgasmo -como perfecto o ideal, sino que viene a significar las operaciones placenteras que tienen lugar durante el proceso sexual, o mejor, permite que el placer aparezca como un proceso descentralizado, sin teleología, sin ideal. Un placer situado en el encuentro de la carne y el plástico, que no consiste en desentrañar el método infalible del orgasmo perfecto, sino el puro movimiento de los cuerpos, sus ritmos, sus intensidades, sus desbordamientos.

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